Madre e hija comparten un recorrido por la Sierra de Ayllón siguiendo el rastro de quienes mantienen vivo el territorio desde distintos oficios. Agricultores, queseros, artesanos y creadores que trabajan pegados a la tierra y que ayudan a entender por qué esta comarca conserva una personalidad tan marcada.
La Sierra de Ayllón tiene una forma particular de relacionarse con el tiempo. Los pueblos aparecen entre montes y valles, los caminos avanzan entre encinas, sabinas y robledales, y la vida conserva un ritmo distinto al de otros lugares. En ese paisaje se encuentra La Vereda, un restaurante distinguido con un Solete de la Guía Repsol que lleva más de tres décadas formando parte de la vida de Riaza.
La historia comenzó como un centro ecuestre familiar y terminó convirtiéndose en algo mucho más amplio. Los caballos siguen ocupando un lugar importante dentro del proyecto, pero alrededor de ellos fue creciendo una propuesta gastronómica capaz de atraer tanto a quienes buscan una buena mesa como a quienes desean pasar un día completo en contacto con la naturaleza. Las antiguas cuadras se transformaron en espacios para reuniones y celebraciones, mientras la cocina fue construyendo una identidad propia ligada a la tradición segoviana.
Al frente se encuentran Teresa Montejo y Teresa Uriarte. Madre e hija representan dos generaciones unidas por la misma vocación. Teresa Montejo se formó en Le Cordon Bleu antes de incorporarse al negocio familiar, mientras Teresa Uriarte acumulaba ya décadas de experiencia heredadas de otra casa muy conocida en la comarca: el desaparecido Hotel La Trucha, donde cocinó junto a sus padres, José Antonio y María. Esa continuidad familiar se percibe en una cocina que apuesta por las recetas reconocibles, los productos de temporada y una manera de cocinar que busca agradar antes que sorprender.
La carta habla castellano con naturalidad. Verduras asadas, carnes a la brasa, guisos y algunas recetas llegadas de fuera, como el conocido cachopo, conviven en una propuesta fácil de entender y muy bien ejecutada. La técnica aparece cuando hace falta, pero nunca para complicar lo que ya funciona. El resultado es una cocina pensada para compartir después de una mañana entre caminos, bosques y caballos.
Las recomendaciones de Teresa y Teresa ayudan a entender precisamente ese paisaje.

La Cueva de la Quesera (Gomeznarro, Segovia)
En Cinco Villas, al nordeste de Segovia, Pablo lleva más de una década transformando leche en quesos con personalidad propia. Ambas lo recomiendan porque “es una quesería artesanal donde el tiempo y el cuidado son parte de cada elaboración. Trabajan el queso con un profundo respeto por la materia prima y los procesos tradicionales, ofreciendo una experiencia imprescindible para quienes disfrutan descubriendo el origen de los buenos productos”. Un lácteo capaz de contar un territorio entero en apenas unos bocados.
Berry Good (Riofrío de Riaza, Segovia)
La temporada adquiere un significado diferente cuando uno recoge la fruta directamente de la planta. En plena Sierra de Ayllón, a más de 1.300 metros de altitud, Berry Good cultiva arándanos, frambuesas, grosellas y zarzamoras aprovechando unas condiciones naturales privilegiadas. Lo destacan precisamente esa experiencia: “Un plan perfecto para disfrutar en familia o con amigos: recorrer los cultivos y recolectar tus propios frutos rojos directamente de la planta. Una experiencia diferente que conecta con el campo, la temporada y el valor de los productos frescos”. Una forma sencilla de recordar de dónde vienen las cosas.
Quinea (Sotillos de Sepúlveda, Segovia)
La cuarta generación de una familia vinculada a la agricultura y al cuidado de la tierra desde hace generaciones, que decidió investigar hasta convertirse en líderes de producción de quinoa en Castilla y León. Ellas valoran especialmente esa combinación entre tradición e investigación: “Un proyecto innovador que apuesta por el cultivo de la primera quinoa integral producida en España. Agricultura sostenible, investigación y producto local se unen para demostrar que también es posible innovar desde el medio rural”.
Alfarería Martín (Fresno de Cantespino, Segovia)
Juan Carlos Martín es Premio Nacional de Cerámica Tradicional y octava generación de alfareros que representa la continuidad de un saber hacer que ha definido la identidad cultural de este municipio segoviano. Lo resumen así: “Juan Carlos es el último alfarero en activo de la provincia de Segovia. Su taller mantiene vivo un oficio centenario donde cada pieza se crea de forma artesanal siguiendo técnicas tradicionales que forman parte del patrimonio cultural de la comarca. Además, está presente en la mayoría de cazuelas para hornear los asados de la zona”.
Ermita de San Frutos (Carrascal del Río, Segovia)
“Situada sobre un espectacular meandro de las Hoces del río Duratón, es uno de los lugares más emblemáticos de la provincia. Paisaje, patrimonio e historia se unen en un enclave de extraordinaria belleza”, dicen. El paisaje impresiona, pero también la historia que lo acompaña. San Frutos, conocido popularmente como el Pajarero por la relación que la tradición le atribuye con las aves, forma parte del imaginario segoviano mucho más allá del ámbito religioso. Su festividad, cada 25 de octubre, termina cada año alrededor de una mesa, cuando miles de personas comparten sopas de ajo en la Plaza Mayor. También inspiró el conocido Pastel de San Frutos, un dulce acompañado de un pequeño pájaro de chocolate que recuerda aquella leyenda.
Raquel Bartolomé (Prádena, Segovia)
Raquel Bartolomé ha encontrado en el arte una forma de fortalecer el vínculo entre las personas. Ha unido pintura, medio rural y un proyecto de viviendas asequibles que recupera casas tradicionales para devolverles una nueva vida. Su trabajo establece un diálogo constante entre paisaje, patrimonio y creatividad. Madre e hija la definen como «una artista cuya obra encuentra inspiración en el mundo rural, el paisaje y las tradiciones. Sus creaciones transmiten la belleza, la calma y la autenticidad de la vida en el campo». Los pueblos también se mantienen vivos gracias a quienes encuentran nuevas formas de habitarlos.
El Cuero del Hada Leán (Ayllón, Segovia)
Mar y Raúl elaboran desde hace más de dos décadas piezas de marroquinería completamente artesanales utilizando cuero nacional de vacuno de primera calidad y técnicas tradicionales que convierten cada creación en un objeto pensado para durar muchos años. Destacan precisamente ese trabajo paciente: «Un taller artesanal dedicado a la creación de piezas hechas completamente a mano. Cada obra refleja el valor del oficio, el diseño cuidado y la pasión por mantener viva la artesanía tradicional». Un ejemplo de cómo el talento también decide volver al medio rural.
Todos los proyectos que apuntan las mujeres de La Vereda comparten una idea sencilla: el futuro del medio rural también se construye desde quienes siguen apostando por el oficio, el conocimiento y el arraigo.
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