Un premio, una ciudad y una cuenta: el año en que Burgos miró a Instagram con Alex Linares.
Alex Linares, estudiante y creador de contenido gastronómico, gana el premio a Mejor Influencer Gastro 2026 y pone a Burgos en el mapa digital sin salir de clase.
En un momento en el que la gastronomía parece debatirse entre la espectacularidad y el «hype«, hay quienes deciden mirar de otra manera. Sin grandes platós, sin viajes patrocinados cada semana y sin necesidad de disfrazar cada plato de «ummmh» y parafernalia
Alex Linares, estudiante en la Universidad de Burgos y recién nombrado Mejor Influencer Gastro 2026 en los Influencer Awards Spain, pertenece a esa generación que ha entendido que el oficio también puede ejercerse desde el móvil, pero no a cualquier precio.
Su proyecto en redes no nace de una agencia ni de una estrategia de marca perfectamente calculada. Empieza como empiezan muchas cosas que luego crecen: con curiosidad, con hambre real y con una necesidad de contar lo que ocurre alrededor. Restaurantes locales, producto cercano, experiencias honestas. Poco a poco, esa mirada fue afinándose hasta convertirse en algo reconocible: un criterio propio.
En un entorno donde la velocidad manda y la novedad dura lo que tarda en cargarse un “reel”, Alex ha apostado por una forma distinta de presencia. No compite en volumen, sino en coherencia. No persigue la viralidad constante, sino la construcción de una comunidad que confía en lo que recomienda. Y eso, en el universo digital, es más frágil que cualquier algoritmo.
El premio llega ahora, cuando todavía compagina estudios y contenido, como una validación externa de un trabajo que se ha ido haciendo a fuego lento. Pero más allá del galardón, lo interesante es lo que representa: la posibilidad de que desde Burgos, lejos de los grandes focos gastronómicos, se pueda construir discurso propio. Que la crítica, la recomendación y la narrativa culinaria no dependan solo de capitales ni de estructuras tradicionales.
Pero más allá del galardón, hay preguntas que pesan más que el trofeo: ¿se puede construir criterio desde una ciudad pequeña? ¿Hasta qué punto el algoritmo condiciona lo que comemos? ¿Y qué significa tener voz pública cuando todavía estás empezando tu carrera profesional? Hablamos con él sin filtros.
La comida es cultura (y también poder, memoria y futuro)
Contra el gusto predecible: comer para volver a no saber.
Comer con miedo: cinco mitos, tres crisis y una epidemia de desinformación alimentaria.
Ganar un premio nacional suena muy bien en titulares. Pero en tu día a día, ¿qué ha cambiado realmente?
En lo práctico, casi nada. Sigo con la misma rutina: estudiar, trabajar y crear contenido cuando puedo, muchas veces robándole horas al día. Lo que sí cambia es la responsabilidad. El premio no lo siento tanto como algo personal, sino como una validación para la gente que me sigue. Es una manera de decirles que lo que estamos construyendo tiene sentido.
También he notado que a algunos jóvenes les ha servido para plantearse estudiar gastronomía. Si he conseguido que alguien entienda que la cocina no es solo cocinar, sino también ciencia, investigación y pensamiento, entonces el premio ya tiene valor.
Existe cierta crisis de vocaciones en el sector gastronómico. ¿Crees que las redes pueden ayudar a revertirla?
Yo lo vivo desde la pasión. Siempre digo que me gustaría ser profesor algún día, formar a personas no solo en técnica culinaria, sino en la parte científica que sostiene todo esto. La gastronomía es química, física, biología, cultura. Es un campo enorme.
Las redes, bien usadas, pueden despertar curiosidad. Puedes mostrar que detrás de un plato hay procesos, decisiones y conocimiento. Si consigues transmitir eso, puedes cambiar la percepción de alguien. Y eso me parece una responsabilidad bonita.
Burgos no suele aparecer en el mapa cuando se habla de capitales gastronómicas. ¿Eso te ha limitado o te ha dado libertad?
Me ha dado libertad. Total. No estar en una ciudad saturada de focos me ha permitido construir mi propio estilo sin compararme constantemente. Aquí no siento esa competencia directa que existe en otras ciudades.
Desde Burgos puedo mostrar lo que tenemos sin complejos. Hay producto, hay historia y hay talento. Estoy preparando un proyecto centrado en platos tradicionales de Burgos, pero explicados desde su parte científica: por qué se hacen así, qué procesos hay detrás. Creo que tenemos mucho que contar y, a veces, lo que falta es saber narrarlo. Estar aquí me ha permitido hacerlo con calma y con identidad.
Te mueves en un sector competitivo: gastronomía e influencia digital. ¿Qué te consideras más, estudiante o influencer?
Estudiante. Siempre. Me gusta decir que soy un aprendiz eterno. Si dejas de aprender, dejas de tener algo valioso que aportar.
Para mí, influencer es simplemente alguien que muestra lo que sabe o lo que descubre. Pero si no estás en constante formación, lo que muestras se vacía. Yo quiero que la base sea el conocimiento. Luego, si eso influye o inspira a alguien, perfecto. Pero la prioridad es aprender.
En gastronomía todo el mundo opina. Y muchos confunden gusto con criterio. ¿Cómo construyes el tuyo?
El gusto es subjetivo. A todos nos gusta o no nos gusta algo, pero eso no es suficiente para recomendar. Mi criterio intento construirlo desde el estudio. Informarme antes de hablar, entender el contexto de un plato, su técnica, su intención.
Si puedo explicar por qué algo está bien ejecutado, más allá de si a mí me entusiasma o no, creo que aporto algo más sólido. Las redes necesitan menos impulsividad y más fundamento. No se trata solo de decir “esto me encanta”, sino de explicar por qué funciona. Esa base científica y técnica es la que intento trabajar.
Si dentro de diez años miras atrás, ¿qué te gustaría que quedara de esta etapa?
Me gustaría verla como el inicio. El comienzo de algo más grande. Ojalá dentro de diez años sea profesor, tenga mi propio restaurante o ambas cosas.
Las métricas no sirven de mucho si no hay formación detrás. Puedes tener visibilidad, pero si no tienes base, eso se diluye. Yo quiero construir algo que se sostenga en el tiempo. Si algún día miro atrás y veo que este fue el momento en el que decidí tomármelo en serio, me daré por satisfecho.
Y si soñamos un poco más, por qué no, quizá estar luchando por una estrella Michelin.
Para cerrar, ¿qué mensaje darías a alguien que está empezando y duda si lanzarse?
Que la pasión es lo primero. Puedes tener recursos, contactos o medios, pero si no tienes pasión y disciplina, no vas a llegar lejos.
Habrá momentos en los que estés solo con tus ideas y tus dudas. Ahí es donde cuenta creer en lo que haces. Yo no empecé con nada extraordinario, solo con ganas de contar lo que me apasionaba.
Si tienes un proyecto, sea en gastronomía, medicina o cualquier otro campo, hazlo con compromiso. Estudia, fórmate y sé constante. El resto llega. No siempre rápido, pero llega.
Gastrología: pensar la gastronomía más allá del plato
La hostelería que despierta: entre la gestión y el alma
Una croqueta perfecta vale tanto como una cucharada de huevas de esturión beluga.
Alex habla despacio, mide las palabras y repite una idea como un mantra: aprender. En un entorno donde la exposición pública suele premiar la seguridad artificial, él reivindica la duda y el estudio. Quizá ahí esté la clave de su premio y, sobre todo, de su recorrido.






