LO QUE SE CUECE

La esencia del maestro asador: fuego, leña y cero margen de error.

Pedraza acoge hoy y mañana el curso clave de Castilla y León donde se forma a quienes quieren dominar el lechazo sin atajos.

Do es un taller más. Es el filtro. La Asociación de Asadores de Castilla y León reúne en Pedraza a cocineros y estudiantes para enseñar lo único que importa: respetar el producto, entender el horno y no fallar.

Pedraza vuelve a oler a leña. Hoy y mañana el Asador La Olma se convierte en algo más que un restaurante: es un campo de entrenamiento para quienes quieren meterse de lleno en uno de los oficios más exigentes de la cocina tradicional. Aquí no se viene a probar suerte. Se viene a aprender a no estropear un lechazo.

La VIII edición del Curso de Maestro Asador, organizada por la Asociación de Asadores de Lechazo de Castilla y León, no vende humo. Ofrece lo que promete: técnica, repetición y criterio. Un diploma que no se regala. Se gana entendiendo que el horno de leña no perdona.

En dos días intensivos, los participantes pasan por todo lo que separa a un aficionado de alguien que sabe lo que hace. Desde la base, con el producto: razas ovinas, calidad, selección. Hasta lo que marca la diferencia: el control del horno, el punto exacto del asado, la organización real de un asador. Sin olvidar lo que rodea al plato: nutrición, maridaje y servicio.

Más de 140 maestros asadores han salido ya de este curso en ediciones anteriores. No es casualidad. Se ha convertido en referencia porque aquí no hay teoría vacía. Hay práctica, fuego y corrección constante.

El programa aprieta. Incluye incluso una visita a explotación ganadera, para entender que todo empieza mucho antes de que el lechazo toque el horno. También hay materiales, comidas y una experiencia completa que gira alrededor de un producto que no admite maquillaje.

Detrás, nombres con peso en el sector: Beatriz Sánchez desde la IGP Lechazo de Castilla y León; Alfonso Maestro en la parte técnica del horno; Sergio Blázquez como anfitrión y maestro asador; Julio Valles desde la Academia de Gastronomía; y Rafael Peña aportando la visión de patrimonio cultural.

Porque de eso va todo esto. De mantener una forma de cocinar que no ha cambiado porque no lo necesita. Hornos de ladrillo, leña de encina y producto de verdad. Sin adornos.

El maestro asador no reinventa nada. Su trabajo es más difícil: hacerlo perfecto cada vez.

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