El gusto es suyo con Ángel Alba ‘Lolo’, de La Valiente (Valladolid)
Una casa de alegría y vinos sin etiquetas.
Detrás de su barra, Lolo reivindica los vinos que se salen de lo previsible, la cocina que sabe a casa y los pequeños productores que merecen una copa y una historia propias. Sumiller de profesión y tabernero por decisión, nos descubre sus coordenadas favoritas entre Valladolid, el Bierzo y la Ribera del Duero.
En La Valiente, el vino nunca se queda quieto. Cada semana llegan nuevas referencias, se descorchan botellas que quizá no vuelvan a la carta y la barra se convierte en un lugar para descubrir, preguntar y dejarse aconsejar. Ángel Alba, Lolo para quienes frecuentan esta taberna vallisoletana, ha construido un espacio donde conviven etiquetas de pequeños productores, vinos de aquí y de más allá y platos que saben a casa. Su proyecto cabe en una frase “hacer de La Valiente una casa de alegría”.
Los pequeños productores tienen un lugar destacado, pero también los espumosos, los jereces, los blancos, los tintos y los dulces que van encontrando su sitio en una barra siempre en movimiento. Aquí el descorche no es un acontecimiento reservado para ocasiones especiales sino parte de la rutina. Lolo, sumiller de profesión, conoce lo que sirve porque lo ha catado antes y disfruta explicando qué hay detrás de cada botella.
La comida sigue una filosofía parecida, aunque mire hacia la memoria doméstica. La cocina de madres y abuelas inspira una propuesta de sabores reconocibles, con platos fuera de carta que cambian según la temporada. En primavera y verano mandan las verduras; cuando llegan los meses fríos, aparecen los guisos y los platos de cuchara. Las croquetas de chorizo y leche asturiana, las gildas —con versiones que se renuevan semanalmente— y una selección de unas veintiséis referencias de vermuts, que no deja de crecer, completan la experiencia.
Pero La Valiente no se sostiene únicamente detrás de una barra. José y Andréas, los dos colaboradores a quienes Lolo llama cariñosamente sus “cachorros”, son parte esencial de un proyecto que se entiende como un trabajo compartido.
Esa mezcla de curiosidad, cercanía y respeto por el oficio es también la que atraviesa sus recomendaciones. Lugares donde se trabaja con criterio, donde el producto importa y donde todavía hay algo que contar.

Pizza Polo (Valladolid)
“Profundo amor y respeto por la pizza y por los pequeños detalles”. Así resume Lolo el espíritu de Pizza Polo, una dirección para quienes saben que una buena pizza empieza mucho antes de llegar al horno. Aquí el producto ocupa el centro de la propuesta, con ingredientes escogidos que marcan la diferencia.
La harina Mulino Marino, los quesos y la mortadela DOP, la nduja de Calabria, las anchoas del Cantábrico o el tomate italiano forman parte de esa apuesta por la calidad. La masa, fina, ligera y crujiente, se prepara a diario y busca el equilibrio entre textura y sabor.
À Table! (Valladolid)
“Cómo comer en casa, estando fuera de casa. Comida casera para llevar y comer en su pequeño restaurante”. La definición de Lolo apunta directamente a lo que busca este proyecto que reivindica la cocina cotidiana y el placer de comer bien.
Al frente está Cris, cuya trayectoria como chef ejecutiva en proyectos como Le Bistró, NYC Hell’s y Eh Voilà! ha dado forma a una propuesta mediterránea, casera y abierta a otros sabores. Mario, su socio, la acompaña en esta aventura. La carta combina recetas de siempre con elaboraciones de temporada, desde lasañas y guisos hasta woks, pollo tikka masala o bacalao. Los miércoles, además, hay cocido.
La Tronera (Villadepalos, El Bierzo)
La Tronera, es un restaurante familiar en el que el territorio es el punto de partida de la cocina. Ángel lo define como “un homenaje al ritmo de las estaciones bercianas”. La familia participa de lleno en el negocio. Mientras padre e hija trabajan en la cocina, el hijo comparte la sala con su madre, también pendiente del vino.
Hay servicio a la carta y menú degustación, además de un pequeño hotel rural en el mismo edificio que convierte la visita en una buena excusa para escaparse al Bierzo. Una casa en la que la hospitalidad forma parte del todo y donde, como suele ocurrir en los lugares a los que uno quiere regresar, consiguen que te sientas como en la tuya.
Colonial Company Loza (Arroyo de la Encomienda, Valladolid)
Lolo también mira más allá de lo que se sirve en la mesa. “Artesanía, calidad, cercanía y un gusto exquisito por el mejor hacer portugués. Muchos de los platos de La Valiente son de allí”, confiesa. Porque la vajilla, la forma de presentar un plato y los objetos que acompañan una comida contribuyen a construir una experiencia.
Detrás del proyecto están Ana Collado, José Luis Cerezo y Rafael Rodríguez, que encontraron en el saber hacer portugués una oportunidad para acercar a Castilla y León una tradición artesanal con una identidad muy reconocible.
Mesetarios (Valladolid)
“La búsqueda constante del mejor producto. Puro Rock and Roll”. Pocas frases condensan mejor el espíritu de Mesetarios, la despensa vallisoletana de Miguel Merino dedicada a pequeños productores y alimentos con identidad.
En plena plaza del Salvador, combina la tienda con una pequeña terraza y una barra en la que quedarse a tomar algo. A sus referencias de quesos, embutidos, conservas y otros productos se suman los vinos por copas o con descorche, las cervezas artesanas, los vermuts y las pizzetas. Aquí el producto es el protagonista; la curiosidad, el mejor acompañamiento.
Vida Láctea (El Bierzo)
“Es una tienda especializada en quesos artesanos de pequeños productores hechos con arraigo y tradición”, muchos de ellos con ganado propio. La tienda reúne alrededor de setenta referencias, principalmente españolas, aunque también hay espacio para quesos de otros países.
Aquí la procedencia de la leche, las decisiones del productor y las particularidades de cada elaboración forman parte de la oferta. Además, se pueden probar elaboraciones y disfrutar de propuestas para comer o cenar.
Bodegas Valeria Fernández (Rueda)
José Antonio Fernández y Esther Gómez, han unido sus caminos y su pasión por la viticultura en una bodega que reivindica el origen y el trabajo en el viñedo. Sus parcelas, La Caseta y Sendero del Monte, establecidas en 1962 y 1972, respectivamente, constituyen el corazón del proyecto. “La apuesta pasa por recuperar la esencia del Verdejo desde la tradición y la honestidad, con atención a la viña y al carácter de sus vinos”, confiesa Lolo.
Territorio Luthier (Aranda de Duero, Burgos)
Fernando Ortiz no encaja del todo en el molde clásico del enólogo de Ribera del Duero. Enólogo, sumiller y DJ, ha construido desde Aranda de Duero un proyecto pequeño, casi artesanal, que se ha convertido en referencia para quienes buscan vinos finos, frescos y pensados para envejecer despacio, lejos de las modas y de los excesos. En Territorio Luthier conviven “grandes vinos, blancos y tintos, pero lo que a Fernando le apasiona son los claretes de guarda. Él siempre dice ¡Tenlo CLARETE!”.
Demencia Wine (El Bierzo)
En el Bierzo, el paisaje de viñedos y la diversidad de sus suelos ofrecen un punto de partida para proyectos que buscan expresar el territorio sin borrar sus particularidades. La bodega de Nacho León, se apoya precisamente en esa idea de entender la viña como un ecosistema vivo, donde el cuidado del suelo y el equilibrio del entorno son fundamentales para obtener uvas de calidad y preservar la identidad. Demencia Wine representa esa voluntad de trabajar desde el paisaje y de encontrar en él un lenguaje propio. “Un proyecto de autor que reivindica el Bierzo en estado puro”.
Bucle (Valladolid)
Hay lugares a los que uno entra por el café y a los que termina volviendo por todo lo demás. Bucle es una de esas direcciones para Lolo, que lo señala como uno de sus lugares favoritos para desayunar. “Café de especialidad y repostería artesana. ¡Lo dulce hecho Arte! Mi Está al lado de mi casa y resulta imposible pasar y no entrar, toda la calle huele…”






