LO QUE SE CUECEVINO

El verano madura aquí: dos días para entender el vino de Arlanza.

La XXVII Fiesta de la Vendimia Arlanza llega a Lerma el 28 y 29 de agosto con vino, territorio y una vendimia que este año se adelanta.

En Arlanza, la vendimia siempre ha sido una cuestión de tiempo. Esperar a que la uva llegue a su punto, leer el campo, conocer cada parcela y decidir cuándo ha llegado el momento de cortar. Este año el calendario se ha adelantado y la XXVII Fiesta de la Vendimia llega con una particularidad que atraviesa toda la celebración: la que será una de las vendimias más tempranas de la historia de la denominación.

La vendimia suele tener algo de frontera. Durante unas semanas, el viñedo deja de ser paisaje y se convierte en trabajo. Las hileras que durante meses han permanecido quietas empiezan a llenarse de manos, cajas, tractores y decisiones. El momento exacto en que se corta un racimo no responde únicamente al calendario. Depende de la maduración, del estado de la planta, de las condiciones de cada parcela y de una conversación permanente entre quien cultiva y aquello que sucede en el campo. Este año, en Arlanza, esa conversación ha comenzado antes de tiempo.

La Denominación de Origen espera una de las vendimias más tempranas de su historia. Las lluvias abundantes del mes de febrero y las elevadas temperaturas del verano han acelerado el ciclo vegetativo de la vid y han llevado las previsiones hasta finales de septiembre, cuando lo habitual era esperar a los primeros compases de octubre o incluso a mediados de ese mes. La previsión, por ahora, es de una buena cosecha y de una uva en buen estado sanitario.

El adelanto forma parte de una transformación que el viñedo lleva tiempo registrando y que cada campaña obliga a mirar con mayor atención. En otras zonas vitivinícolas de Castilla y León, 2026 también está dejando vendimias excepcionalmente tempranas como consecuencia de las altas temperaturas y la evolución acelerada de la maduración.

Por eso resulta especialmente acertado el lema elegido para esta XXVII edición: El verano madura aquí. Describe, casi literalmente, el momento que atraviesa la denominación. Este verano no está siendo un paréntesis entre dos vendimias, sino una parte activa de la cosecha que viene. El calor ha intervenido en el calendario de la planta y ha obligado a adelantar la mirada de quienes llevan meses siguiendo su evolución.

Lerma será durante dos días el lugar donde esa espera se convierte en celebración. La Plaza del Mercado Viejo acogerá, junto a la XXVII Fiesta de la Vendimia, la segunda edición de la Feria del Vino de la D.O. Arlanza. Las bodegas de la denominación ocuparán la plaza para compartir sus vinos con quienes se acerquen a la localidad, en una feria pensada menos como escaparate que como punto de encuentro entre quienes elaboran, quienes cultivan y quienes beben. Habrá degustaciones, música, juegos, sorteos y otras actividades alrededor del vino y del territorio.

Dos días para celebrar todo lo que ocurre antes del vino

El viernes por la tarde, a partir de las 19:30, comenzará oficialmente la feria. La primera copa llegará acompañada de música swing y jazz, que ocupará la plaza hasta las 21:30. Pero basta con alejarse unos metros del bullicio para entender que el vino de Arlanza también se cuenta de otra manera. A las 20:00, el Centro de Iniciativas Turísticas de Lerma propone una visita a las bodegas subterráneas de la villa, una oportunidad para bajar literalmente a las entrañas de una cultura del vino que forma parte de la arquitectura y de la memoria del territorio.

Después, a las 21:30, llegará Malavara. La música cerrará la primera jornada cuando la plaza ya haya dejado atrás la inauguración y la feria empiece a adquirir ese ritmo más relajado que tienen las celebraciones cuando cae la tarde. El vino seguirá siendo el centro, pero alrededor de él aparecerán todas esas cosas que hacen que una fiesta de vendimia sea también una forma de encontrarse: conversar, escuchar música, volver a probar una botella, reconocer a alguien al otro lado de la barra.

El sábado la fiesta cambia de tono. A las 12:00 llegará el acto institucional de bienvenida y, con él, uno de los momentos que mejor explican qué se está celebrando realmente. La D.O. Arlanza reconocerá al Bodeguero o Bodeguera del Año, al Viticultor o Viticultora del Año y al Restaurante del Año. Tres figuras diferentes para recordar que detrás de un vino no existe una única profesión ni una única manera de relacionarse con el territorio. Está quien trabaja la tierra, quien transforma la uva y quien termina llevando ese vino a la mesa.

Media hora después, a las 12:30, llegará el gesto más simbólico de todo el fin de semana: el pisado de la uva y la degustación del primer mosto. La imagen es conocida, casi inevitable cuando se habla de una fiesta de vendimia, pero conserva algo poderoso. Antes de que exista el vino tal y como lo conocemos, antes de las fermentaciones, las barricas y las botellas, existe ese primer jugo que todavía no sabe qué será. El mosto es una especie de promesa líquida de la cosecha que está por venir.

Y entonces serán los niños quienes entren en escena. A las 12:45 tendrá lugar el pisado infantil de la uva, quizá uno de los momentos más importantes de toda la programación precisamente porque parece el menos solemne. La vendimia necesita memoria, pero también necesita relevo. Que una generación aprenda a reconocer la uva, a tocarla y a entender de dónde viene el vino es otra manera de conservar una cultura que no se sostiene únicamente en las bodegas, sino en las personas que deciden seguir formando parte de ella.

A las 13:00, Marlasca tomará el relevo con un concierto y, media hora después, el vino volverá a llevar a los visitantes bajo tierra. La segunda visita a las bodegas subterráneas de Lerma, prevista a las 13:30, completa ese recorrido entre lo que se ve y lo que permanece oculto: la plaza llena de copas, bodegas y música frente a los espacios excavados en la tierra donde durante generaciones se conservó y se entendió el vino de otra manera.

Un territorio que también se bebe

La D.O. Arlanza se extiende por un territorio vitivinícola de Burgos y Palencia en torno al valle medio y bajo del río Arlanza. Su identidad está ligada a una viticultura de clima extremo, a viñedos repartidos entre pueblos y pequeñas parcelas y a una historia en la que el vino forma parte de la vida cotidiana mucho antes de convertirse en argumento gastronómico o turístico.

En Lerma esa memoria permanece también bajo tierra. Las visitas a las bodegas subterráneas programadas durante la fiesta permiten acercarse a una parte menos visible del patrimonio vitivinícola: el espacio donde durante generaciones se elaboró, conservó y compartió vino.

Es precisamente esa mezcla de presente y memoria la que hace que una fiesta de la vendimia sea algo más que una celebración alrededor de una bebida. En la plaza están las bodegas que hoy construyen el futuro de la denominación; bajo las calles permanece la arquitectura de una cultura del vino mucho más antigua; y en medio de ambas cosas aparece una nueva generación que pisa uva, prueba mosto y aprende que detrás de cada botella hay un territorio que necesita ser cuidado.

La vendimia como termómetro

Quizá por eso la Fiesta de la Vendimia Arlanza tenga sentido más allá de la propia celebración. Una denominación no se construye solamente con una variedad de uva, unas coordenadas o un reglamento. También se construye alrededor de las historias que se cuentan sobre ella, de los lugares donde se bebe, de las personas que la trabajan y de la capacidad de una comunidad para reconocer aquello que merece ser conservado.

Este año, además, resulta difícil hablar de la vendimia sin hablar del clima. El adelanto del ciclo de la vid no convierte automáticamente la cosecha en peor ni en mejor. La uva presenta buenas condiciones sanitarias y las expectativas son positivas, pero el adelanto obliga a observar con más atención cada parcela y a decidir con precisión el momento de la recogida. En el vino, pocas cosas son tan importantes como saber esperar; y quizá una de las grandes paradojas de esta campaña sea que, para decidir cuándo vendimiar antes, haya que mirar el viñedo con más paciencia que nunca.

Por ahora, el territorio celebra. Y el lema de esta edición adquiere una segunda lectura: el verano madura aquí, pero también está enseñando a Arlanza a mirar de otra manera su propia vendimia.

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