El viaje interior y compartido de Sara Cámara, mejor repostera de España.
Un viaje a través de la memoria, el territorio y la nueva cocina de Castilla y León desde una mirada colectiva.
En un momento de efervescencia culinaria en la región, Cámara reivindica que el progreso solo tiene sentido si nace del territorio y se construye acompañado.
Hay personas que cocinan para gustar; otras, para demostrar técnica. Y luego está Sara Cámara (Ledesma, Salamanca, 1990), que cocina —y hace repostería— como quien intenta descifrar un territorio entero. Uno hecho de memoria, de familia, de estaciones que marcan el ritmo y de una idea que repite como quien enuncia una verdad antigua: juntos somos mejores.
A sus 35 años, Sara llega a este momento con una trayectoria que atraviesa la geografía emocional de Castilla y León: Rivas en Vega de Tirados, Casa Pacheco en Vecinos, Eunice en Salamanca, y más allá, en Akelarre, en las laderas donostiarras. En su currículum conviven títulos que hablan de su perseverancia más que de notoriedad: Mejor Cocinera de Castilla y León (2023), Chef Revelación (2024) y Campeona del Concurso Autonómico en la categoría de repostería (2024). Su trabajo es el de alguien que ha entendido que una carrera se construye con pasos precisos y una humildad traducida en disciplina.
El título que acaba de recibir —Mejor Repostera de España 2025, obtenido en el XI Campeonato Nacional de Cocina y Repostería celebrado en Palma— no solo consagra su técnica. También confirma algo más profundo: que su manera de mirar la cocina, desde lo colectivo y lo compartido, desde el equilibrio y la constancia, tiene un lugar relevante en el presente gastronómico.
Su postre ganador, Combinaciones de almendra, es prácticamente un manifiesto. Un soufflé frito de corazón líquido que se rompe para liberar una conversación inesperada entre lo dulce, lo ácido y lo salado: almendra tostada y sin tostar, mandarina, caqui, limón, tomillo que “huele a casa”, una teja de sobrasada como gesto a Mallorca. «Nada tiene sentido solo; todo adquiere profundidad en compañía». La almendra sola es inicio, no destino. La armonía está en la suma.
“Nada tiene sentido solo; todo adquiere profundidad en compañía”.
La frase que ella misma repite —“un ingrediente no es nada si no está bien acompañado”— no es solo teoría culinaria; es su propia biografía. Seis años de ritmo vertiginoso, turnos eternos, renuncias y un crecimiento profesional que exige más de lo que ofrece. Pero este premio, dice, ha sido el primer instante real de pausa. De respirar. De mirar hacia adelante.
Lo que viene es la apertura de su propio restaurante en Ledesma, su pueblo, “la bandera que siempre llevo por delante”. Un regreso íntimo al origen que no hace más que demostrar que Castilla y León no solo vive un momento dulce, sino que está construyendo una escena sólida, joven y con identidad. Un ecosistema donde la suma importa más que el fulgor individual. Donde una generación entera trabaja con la convicción de que el futuro se cocina desde el nosotros.
Para entender a Sara hay que aceptar que no habla de repostería, sino de pertenencia. Que cuando disecciona un ingrediente piensa en historias, no en recetas. Que cuando imagina un postre para representar a Castilla y León, lo hace con cuatro matices capaces de narrar un paisaje entero. Que cuando teme por la pérdida de la tradición, no habla de nostalgia, sino de responsabilidad. Y que cuando dice que quiere dejar un legado, se refiere a algo tan simple como decisivo: proteger el origen mientras empuja hacia delante.

1. Acabas de ganar el título de Mejor Repostera de España. ¿En qué momento sentiste que tu postre podía ser realmente ganador?
Según iba finalizando cada elaboración, las probaba y me cercioraba que estaban donde debían estar. Fue una jornada muy fluida, muy serena: trabajé cómoda y segura, como si todo hubiera encontrado su sitio. Llegué al emplatado con tiempo y ahí sentí una emoción distinta: ir construyendo paso a paso mi receta, ir construyendo tu propia obra que cuenta una historia.
Cuando terminé de emplatar estaba eufórica. Sabía que había salido como yo quería, y eso es lo más importante, el valor del trabajo bien hecho. Pero enfrente había nueve compañeros enormes, así que la certeza solo llegó con el veredicto.
2. El postre giraba en torno a la almendra, pero también a esa idea de combinación y equilibrio que reivindicas. ¿Qué historia querías contar con Combinaciones de almendra?
Quería hablar del valor del conjunto, de la búsqueda sana del compañerismo y el equipo. Del poder que tiene la unión. La almendra era la protagonista, sí, pero iba acompañada de productos muy distintos: mandarina, caqui, limón, anís, tomillo, mantequilla, yema, etc. Cada uno aportaba su matiz, su textura y su aroma, para construir algo que ninguno podría lograr de forma independiente.
Para mí es un espejo del día a día: en la cocina y en la vida, la individualidad importa, pero solo el conjunto sostiene.
3. Tomillo, sobrasada, mandarina… ¿Cómo nace ese diálogo entre sabores tan distintos?
Creo profundamente en la lógica interna de un plato: que tenga sentido, que esté equilibrado y que respire coherencia. Cada producto tiene infinitas posibilidades, pero depende de cómo lo estudies, de cómo lo trabajes y de la técnica que uses.
Me gusta diseccionar ingredientes que parecen simples y descubrir todos los caminos posibles. Ahí, en ese juego casi de laboratorio emocional, nacen los diálogos entre el sabor y la intuición. Muchas veces saboreo una idea sin haberla cocinado aún, solo imaginándola.
4. Hablas de que un ingrediente no es nada sin su entorno. En tu camino, ¿quiénes han sido esos acompañantes imprescindibles?
Cada compañer@ que he tenido en estos quince años ha sumado algo a mi evolución, y les guardo un cariño enorme.
Tengo la fortuna de contar con la mejor familia que podría desear; ellos son mi verdadera suerte. A mi lado, una pareja que acepta y sostiene cada día mi entrega absoluta a la profesión. Y unos amigos que, aunque a veces no los merezca por mis largas ausencias y mi obsesión por el trabajo, celebran mis éxitos y amortiguan mis tropiezos sin un solo juicio.
Mi pueblo, Ledesma, grita fuerte mi nombre, y yo lo llevo siempre de la mano. También Salamanca y todos los compañeros y maestros que me han enseñado tanto: Pedro, César, Jorge, Carlos, Héctor, Rocío, Jose, Jose Ángel, Gonzalo…
Y la familia Rivas… ellos van más allá. Mis valores están forjados a fuego por su ejemplo constante de humildad, sacrificio y pasión.
5. Has ganado muchos premios, pero este parece remover algo distinto. ¿Qué tiene de especial?
Nunca me consideré pastelera o reportera. De hecho, al principio era lo que más me costaba. Pero soy cabezota, metódica, autoexigente y me encantan los retos, así que me empeñé en mejorar. Y sin darme cuenta, ese trabajo silencioso me dio cosas esenciales: organización, limpieza mental, creatividad y rigor.
Comprendí que no tenía sentido separar lo dulce de lo salado. Que amo la cocina en todas sus formas. Y que una potencia a la otra. Este premio me ha reafirmado en algo sencillo: las cosas llegan con constancia, inquietud y humildad.
6. Pronto abrirás un restaurante en Ledesma. ¿Qué cocina imaginas allí?
Es pronto para revelarlo, pero la dirección está clara: respeto, tradición y superación.
La repostería tendrá su espacio, pero siempre dialogando con la cocina salada.
7. Si tuvieras que convertir la identidad gastronómica de Salamanca y Castilla y León en un postre, ¿cómo sería?
Lo imagino lleno de matices. Castizo y elegante. Capaz de cambiar de color e ingredientes según la estación. Ahora, fíjate, pienso en bellota, lácteo, aceite de oliva virgen extra y chocolate negro.
8. Si tu trabajo fuera un hilo que cose pasado, presente y futuro, ¿qué legado te gustaría dejar en la cocina de Castilla y León?
Vivo con la constante preocupación de que no desaparezca la tradición, y no hablo solo de recetas. Hablo de la manera de mirar, de cocinar y de contar. Al mismo tiempo, mi empeño se dirige al progreso, a la innovación y a una cocina creativa, pero siempre con un profundo respeto por el origen. No me atrae el conformismo, aunque tampoco creo en menospreciar lo cotidiano ni el acervo.
Mi legado ideal sería transmitir las bases sólidas de nuestra cocina y el buen estudio para que todo evolucione.
9. Da la sensación de que la gastronomía de Castilla y León vive un momento dulce. ¿Qué está pasando y qué aporta tu generación?
Totalmente de acuerdo. Hay mucho talento, y lo más valioso: talento joven, con ganas de crear, de arriesgar, de defender esta tierra con uñas y dientes y dejar huella. Estamos apostando fuerte para que Castilla y León tenga voz, espacio y continuidad. Para que no se olvide lo que otros hicieron antes y para que lo que hagamos ahora sirva para quienes vengan después. Creo que lo importante son las ganas y la constancia. Y vuelvo a lo que decía antes: juntos somos mejores.





