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El gusto es suyo: con Pedro y Roberto Fuertes de El Bar (Valladolid)

Cocina y producto excelentes, una bodega que es casi una biblioteca del vino, y un servicio de sala que recuerda por qué la hospitalidad, cuando es sincera, también emociona.

En esta ocasión, el camino lo marca Pedro Fuertes y su hijo Roberto, al frente de El Bar en Valladolid. Padre e hijo, sala y cocina, tradición y presente. Lo suyo no fue una apuesta calculada, sino un acto de instinto y cariño por un lugar que frecuentaban y que decidieron cuidar como propio.

En Valladolid hay un lugar que se llama El Bar, aunque eso se le queda corto. Suena sencillo, pero lo que Pedro y Roberto Fuertes han construido allí no lo es. Ambos comparten un propósito común: elevar la tradición sin traicionarla. Cocina y producto excelentes, una bodega amplia y contundente, copas Zalto en la mesa y la calidez de una sala que sigue funcionando como un reloj.

Todo empezó en el número 8 de Menéndez Pelayo, donde ambos acudían a menudo a picar algo. Cuando el local se puso en traspaso, decidieron quedarse con él. Lo reformularon, lo abrieron todo el día —desayunos, vermú, menú, cenas— y lo convirtieron en un punto de encuentro donde la fidelidad se gana por la constancia y la honestidad.

Más de una década después, El Bar sigue siendo ese todoterreno que no baja la guardia, con un equipo sólido y una sala en la que Pedro, maître de vieja escuela, marca el ritmo con elegancia y oficio: pendiente de cada detalle, de cada copa, de cada gesto. Junto a él, Estefano Santamaría, al frente de la sala y la bodega, sostiene con la misma entrega ese equilibrio entre cercanía y precisión que define la casa.

En El Bar, lo sólido y lo líquido caminan al compás. Hay equilibrio, oficio y una búsqueda constante de finura sin perder la raíz. Y eso, en una ciudad de tradición gastronómica como Valladolid, no es poca cosa.

Roberto, por su parte, dejó los libros de Empresariales por las sartenes, “por necesidad y por gusto”. Su cocina, de formación autodidacta y mirada limpia, se apoya en el trabajo compartido con su equipo —Sergio Matilla y Miguel Piñero— y en una idea clara: el vino como hilo conductor. En 2018 dieron el salto definitivo, simplificaron lo accesorio y apostaron por la autenticidad.

“El vino nos ha cambiado”, resume Roberto, consciente de que su bodega —con más de 950 referencias— es hoy el corazón de este templo. La cocina, su alma, ha crecido al mismo ritmo: guisos, fondos y chup-chup afinados desde la honestidad y el respeto al producto vegetal. Una propuesta limpia y madura, con la huella inconfundible de su maestro, Luis Alberto Lera.

En El Bar, lo sólido y lo líquido caminan al compás. Hay equilibrio, oficio y una búsqueda constante de finura sin perder la raíz. Y eso, en una ciudad de tradición gastronómica como Valladolid, no es poca cosa.

Alion x El Bar

Sus recomendaciones

La Tahona de Chari (Villanubla, Valladolid)

«Javi y Chari son dos ARTESANOS con mayúsculas, concienciados en rescatar trigos y harinas centenarias y recetas olvidadas. Merece la pena parar solo para hablar con ellos y que te transmitan esa pasión por su trabajo”. Panes 100% artesanales elaborados con fermentos naturales.

Luis San José Hortelano (Tudela de Duero, Valladolid)

La siguiente parada es esta huerta que obsequia con productos ecológicos de la mejor calidad posible. “Es el mago de los vegetales. Indispensable en muchos de los grandes restaurantes de este país. Conocido sobre todo por sus increíbles espárragos, pero es soberbio en todo lo que cultiva: guisante, alcachofa, puerro, etc.”, nos cuentan. Y no les falta razón, pues aquí se encuentran 1.500 metros cuadrados de producto que quita el sentido.

Embutidos Casalba (Belorado, Burgos)

Considerado por muchos expertos el mejor embutido del mundo. “Siempre fueron buenos, pero la evolución en los últimos años ha sido vertiginosa, desde los curados a los cocidos”, apuntan. Aromas de campo innatos a la materia prima, la tradición heredada y el cariño del artesano.

“Recomiendo pasar por su local en Burgos, La Demanda del Mercado, donde la gran Andrea, miembro de la familia, podrá hacerles un recorrido por sus productos. Un templo del producto dentro de la capital burgalesa” nos dice Roberto.

Restaurante Lera (Castroverde de Campos, Zamora)

Todos los invitados de El gusto es suyo coinciden: Lera es la referencia. “Qué más decir de este lugar. Sin duda, para nosotros es el número uno de todo el país y la fuente de donde más ha bebido nuestra casa. El restaurante definitivo y una familia que sentimos nuestra”. Su cocina, cinegética y de autor, reescribe el recetario tradicional desde un compromiso feroz con el territorio.

Hostería de Los Palmeros (Frómista, Palencia)

Se trata de un antiguo hospital de peregrinos convertido en restaurante familiar en el corazón de Tierra de Campos. “Para nosotros pasó de ser una parada en el viaje a ser el destino. Lugar donde el buen hacer de cocina y sala se aúnan, todo ello regado con una gran carta de vinos”, mencionan sin dudar.

Peseta Kiosko Café (Valladolid)

Quisco municipal convertido en cafetería de especialidad. “Aunque lleva abierto apenas cuatro meses, cuenta con el bagaje de su alma mater, Café Franella, baluarte del café de especialidad en Valladolid. No concebimos no visitar a Elisa y José por la mañana para disfrutar de uno de sus maravillosos cafés en la calle, admirando su selección de revistas y láminas de autores locales. Importante: no recargan bonobús”. Un quiosco emblemático, con más de 25 años de historia, que los vallisoletanos llevan en el corazón.

Restaurante Las Aldabas (Valladolid)

Brilla por un abanico de registros y platos consolidados con regularidad y nivel. “Uno de esos sitios que son parroquia: si una semana no asistes, te sientes pecador. Carlos y Manuel ofician con buen hacer y cariño. Lugar con un sitio muy especial para los vallisoletanos, con gran variedad de comida y vino en carta”, reconocen.

Bodegas Vega Sicilia (Valbuena de Duero, Valladolid)

Uno de los grandes representantes del vino español en el mundo.
“Muchos pensarán que no son artesanos por la grandeza de esta institución, pero cuando conoces los proyectos desde dentro te das cuenta del trabajo, sacrificio y mimo que desde los años 80 lleva haciendo Don Pablo Álvarez y familia por esta bodega y lo que representa en nuestra zona”, aseguran. Y es que esta gran bodega es sinónimo de elegancia, exclusividad y clasicismo patrio.

Casa Marcela (León)

Dos espacios, uno informal y otro de alta cocina, a pocos metros del Museo Botines.
“La mejor carta de vinos de la comunidad, a precios muy honestos. Cuenta con la versatilidad de un gran comedor elegante y una barra donde poder disfrutar sin límites de esa carta”.

Restaurante Dámaso (Valladolid)

Cocina de arraigo clásico renovada, con querencia por la caza, los guisos y las verduras.
“Dámaso Vergara es el padre de los cocineros vallisoletanos, uno de esos pocos tocados por la varita del sabor. Sus guisos son pura identidad. Un lugar al que volver cuando uno anda desorientado. Remarcar que en breves cambia de localización”.

El Niño Perdido (Valladolid)

Ubicado en un edificio del siglo XIX, con música de jazz, swing y luz de velas esta coctelería es el “lugar de culto para los amantes del buen beber, galardonado tres años consecutivos con tres estrellas Top Cocktail Bars. Allí encontraremos las recetas más innovadoras del genio Juan Valls”, como bien nos cuentan Pedro y Roberto.

En sus recomendaciones, padre e hijo comparten una misma certeza: que la cocina y el vino son lenguajes de memoria y afecto. En su barra, cada plato se sirve con un pedazo de historia, y cada copa brinda por lo que permanece.

 No te pierdas las historias de El gusto es suyo con Andoni Sánchez del Asador Villa de Frómista (Palencia), Cris y Diego de Caleña (Ávila), Diego y Laura de Tiempos Líquidos (Burgos)Marina y Luis de Curioso (Peñafiel)Rubén Arnanz autor de Ancha es Castilla (Segovia)Dani Giganto: sommelier de mu•na (Ponferrada, León). Cucho Íñiguez de El Fogón de Jesusón (Burgos), Rocío y Alberto de En La Parra (Salamanca), Yolanda Rojo y Juanjo Losada, Restaurante Pablo (León) o Pablo González Vázquez y La Trébede (Pobladura del Valle, Zamora)

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