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El Gusto es Suyo con Juan Príncipe de Bodega César Príncipe (Fuensaldaña, Valladolid)

Beberse el territorio a tragos con el viticultor, comunicador y agitador de barras.

Juan Príncipe habla como camina: rápido, sin rodeos, con una sonrisa medio permanente y una convicción clara, la de que el vino no ha de asemejarse a un club privado de esos con contraseña. Nació entre tractores, remolques y viñas en Fuensaldaña, se despistó unos años entre ordenadores y agencias creativas, y volvió al campo con una misión que no venía en el plan inicial: explicar el vino como lo haría una buena historia; entre amigos, con cercanía, con verdad y con una copa en la mano.

Viticultor por herencia y por elección, cuarta generación de una familia ligada a la tierra y al vino en Cigales, Juan es también uno de los rostros jóvenes que está empujando una nueva manera de contar el campo. Fiestas en la bodega César Príncipe, YouTube, TikTok, catas que parecen una conversación larga más que una clase magistral. Uno de los 100 Jóvenes Talentos de la Gastronomía, pero a él le sigue interesando más que la gente pierda el miedo a entrar en un bar de barrio, a pedir un clarete sin complejos, a sentarse en una mesa de madera y charlar con quien tiene al lado.

Cuando le pedimos que recomiende sitios, no habla de estrellas, ni de tendencias, ni de listas. Habla de cariño, de bares que sostienen pueblos, de cocidos que arreglan semanas malas, de cafés irlandeses que saben a familia. Aquí, el mapa personal de Juan Príncipe. Y es un mapa que se recorre despacio, copa a copa.

Las Verjas — Villalba de los Alcores (Valladolid)

“Para mí Las Verjas es un sitio al que guardo especial cariño. Es el único restaurante de este pueblo pequeñísimo, de unos 400 habitantes. Tiene una iglesia, cuatro casas y poco más. Pero es precioso y merece muchísimo la pena ir”.

Las Verjas es de esos lugares que no necesitan inventarse nada. Menú del día, cocina de toda la vida, producto honesto y una sensación permanente de estar en un sitio que funciona porque lleva haciéndolo décadas. Juan lo tiene claro: “Yo voy todos los viernes que puedo, para mí tienen el mejor cocido de la provincia de Valladolid, así, sin exagerar”. El ambiente es familiar, cercano, flexible, “Miguel está en la barra, si ese día no te encaja el menú del día te hacen unos huevos fritos y los disfrutas como un niño pequeño. Hay días con dos platos, otros con cuatro primeros y cuatro segundos, pero lo cierto es que nunca fallas”. Es ese tipo de sitio donde uno vuelve no solo por lo que come, sino por cómo se siente cuando entra.

La Sorbona — Fuensaldaña (Valladolid)

La siguiente parada es cerca de su pueblo, donde se encuentra “una bodega tradicional por la que ha pasado muchísima gente, sobre todo de generaciones mayores”. Durante años fue conocida como la bodega de Félix Parrado —o la de Félix—, un nombre inseparable de su historia y de sus habituales, hasta que el relevo natural llegó de la mano de sus hijos, Félix y Mari Luz. “Aquí manda el conjunto: la bodega subterránea histórica, el ambiente de cueva viva, la comida reconocible y el trato de estos dos hermanos que llevan el local con una naturalidad que no se aprende en ninguna escuela de hostelería”. La propuesta se apoya en platos sencillos y bien ejecutados —mollejas, lechazo, morcilla— y en una experiencia global: “no es solo la cocina o el servicio, es la velada entera. Va a ser un buen día porque vas a disfrutar. Por eso están llenos todos los fines de semana y hay que reservar con tiempo”.

La Caneca — Fuensaldaña (Valladolid)

Y aquí Juan se para en casa, literalmente. La Caneca, una parada casi natural después de La Sorbona. El plan se entiende solo: alargar la sobremesa con un café irlandés en este bar familiar, fundado por su padre y sus tíos cuando apenas tenían veinte años. “Cuarenta y cinco años después sigue abierta, resistiendo al paso del tiempo y a los cambios en la vida del pueblo. Durante años fue un lugar de mucha afluencia, aunque factores como los controles de alcoholemia o el traslado de las Cortes de Castilla y León a Valladolid restaron movimiento a la zona”. Aun así, conserva su esencia y un vínculo emocional difícil de explicar. “Le tengo mucho cariño; he trabajado horas ahí desde pequeño, hasta que me fui a vivir fuera de Valladolid”. Hoy, cada regreso se celebra con el vermú de la casa, elaborado como siempre y ligado a la familia, en un local que sigue siendo punto de encuentro y memoria compartida.

Bodega El Pozo — Valladolid

Ya en Valladolid, la ruta se adentra poco a poco en el centro, bordeándolo primero por los barrios. Una de las paradas imprescindibles es la Bodega El Pozo, “un local mínimo —apenas caben cinco o seis personas— con una terraza algo más generosa y un alma enorme. Al frente está Alfonso, de Villanueva de los Infantes, uno de esos hosteleros que levantan la persiana bien temprano y te sirven el vino de la noche. Aquí se bebe nuestro clarete cosechero y se viene a lo de siempre: a tomar un vino, charlar, discutir, reírse y cruzar pullas en ese ambiente de barrio donde todo el mundo se conoce. Además, por poco más que un abrazo, el vino llega siempre llega acompañado de una banderilla. Y a partir de aquí el barrio se despliega: Bodega El Bierzo, el antiguo Arias —hoy Rincón de Mercedes—, con sus tapas, su porroncillo… bares que se suceden antes de cruzar el Puente Mayor y que convierten la zona en una pequeña ruta para ir de vinos, picar unos callos o compartir algo al centro”. Un Valladolid con encanto propio, de los que se disfrutan sin prisa y con la copa en la mano.

Cafetería Cactus — Valladolid

Otra parada se encuentra al otro lado de Valladolid, en la calle Toreros, regentado por Jorge. “Es uno de esos bares de barrio de toda la vida: con su barra de pinchos y tapas, sus patatas, su menú del día, y ese ambiente cotidiano que convierte cualquier comida en un momento familiar”. Jorge es encantador, el local se llena y, aunque esté fuera del foco de las luces mediáticas, funciona desde hace años y mantiene viva la tradición.  Aquí Juan se pone un poco más serio: “son espacios que merecen reconocimiento, porque nuestra generación no debería saltar del bar de toda la vida a un Starbucks. Necesitamos que los jóvenes vuelvan al bar de barrio, tomen un vino por dos pesetas, charlen con su gente —y con otra gente—  y mantengan la esencia de pueblo. Por eso doy tanto valor a estos sitios: no son novedades, pero son los que sostienen la memoria gastronómica y social de la ciudad”.

El Bar, Dámaso, Trigo, Las Aldabas — Valladolid

Juan nos pide aclarar un punto para que nadie se moleste, cosa que además de agradecer solemos pedir a nuestros invitados: “además de El Bar, que considero mi segunda casa y que ya ha aparecido varias veces en esta sección, hay otros lugares que también forman parte de mi recorrido, como el restaurante Dámaso, Trigo o Las Aldabas —Manu, por cierto, es un gran amigo—. Los valoro mucho, me encantan y los visito, especialmente de noche. Pero no los incluí en estas recomendaciones aparecen con frecuencia en artículos y guías. En cambio, los bares de barrio o de pueblo suelen pasar más desapercibidos y merecen visibilidad”. Su filosofía coincide con la nuestra: poner en valor y dar el protagonismo que a menudo se les niega, recordando que, en la gastronomía, también importan la cercanía, la memoria y el sentido de comunidad.

Mesón La Solana — Valladolid

Entrando ya en pleno centro de Valladolid, La Solana merece parada obligada. “Es un bar de toda la vida, tan antiguo que estaba antes incluso que la catedral, y hoy lo regenta Luismi. Aquí se bebe clarete a degüello, se disfruta del miércoles de cocido y flamenco y, sobre todo, se siente la hospitalidad de antes. Tienen pinchos y raciones para picar, pero también carta completa para comer lo que quieras y siempre con la garantía de que todo estará bueno. Un clásico fuera de modas, anterior a cualquiera de ellas, que mantiene viva la esencia de la hostelería tradicional que tanto me gusta”, nos confiesa.

Puchero — Hornillos de Eresma (Valladolid)

 Un ejemplo de tradición y excelencia que da sentido a la gastronomía local y al orgullo por lo nuestro: todo el mundo lo conoce, y los que me conocen a mí, seguro que lo conocen antes que a mí. Es un orgullo enorme que sean paisanos nuestros y que, además, guarde lazos familiares con ellos. La calidad de sus productos es impecable, y soy fan de lo que hacen. Se están abriendo al turismo con gran acierto, cuidando cada detalle, y no hay nada en su trabajo que no hagan bien”.

La Cantina de Adrados — Adrados (León)

Y muy cerca de Boñar, este paraje de la Montaña Oriental Leonesa combina naturaleza sobrecogedora y tranquilidad absoluta, invitando a desconectar y vivir la gastronomía en un entorno genuino. “Es un rincón perdido, pequeñito, con una chimenea acogedora, donde se respira el latido del pueblo y se comparte la mesa con vecinos que conocen cada historia del lugar”. Comer aquí es parar el tiempo, entender otra escala de las cosas y reconectar con lo esencial.

Juan Príncipe nos recomienda sitios para vivirlos. Para sentarse, hablar, compartir y para repetir. Para entender que el vino empieza en la tierra, pero se completa en la mesa, en la barra y en la conversación.

Su mapa es humano. Y quizá ahí esté la clave de por qué su manera de comunicar conecta con tanta gente: porque no habla de perfección, habla de verdad.xperiencia aquí no se recuerda solo por lo que se comió, sino por cómo se vivió.

No te pierdas las historias de El gusto es suyo con Andoni Sánchez del Asador Villa de Frómista (Palencia), Cris y Diego de Caleña (Ávila), Diego y Laura de Tiempos Líquidos (Burgos)Marina y Luis de Curioso (Peñafiel)Rubén Arnanz autor de Ancha es Castilla (Segovia)Dani Giganto: sommelier de mu•na (Ponferrada, León). Cucho Íñiguez de El Fogón de Jesusón (Burgos)Rocío y Alberto de En La Parra (Salamanca)Yolanda Rojo y Juanjo Losada, Restaurante Pablo (León)Pablo González Vázquez, La Trébede (Pobladura del Valle, Zamora)Pedro y Roberto Fuertes de El Bar (Valladolid)Marisa y Luis Duque, Casa Duque (Segovia)Eva García y Pedro Francisco Castillo de Casa Coscolo (Castrillo de los Polvazares, LeónAdrián Asensio de Cuzeo (Zamora)Anaí Meléndez de Caín (Nava del Rey, Valladolid), Rubén Becker, Lasal (Zamora), Carlos Casillas y David Rivera, de Surco (Ávila, Mario Gómez de Kamín (León), Jonatan Garrote (Zamora) o con la familia Antón de la Iglesia, La Chistera (Soria)

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