Castilla y León se sienta a la mesa de sus mejores nombres.
La gastronomía como una forma de cuidar lo que somos.
La Academia Castellana y Leonesa de Gastronomía reconoce trayectorias, proyectos y productos que sostienen el pulso gastronómico de la comunidad
Desde la liturgia ancestral de la matanza hasta la vanguardia del vino, pasando por el fuego lento del lechazo, las salas que cuentan historias y los proyectos que entienden el territorio como un compromiso. Los XI Premios Castilla y León de Gastronomía dibujan un mapa preciso del talento que hoy define la cocina y la despensa de la comunidad. La entrega de galardones tendrá lugar el próximo 16 de febrero en el Centro Cultural Provincial de Palencia.
Los Premios Castilla y León de Gastronomía, que este año celebran su undécima edición, cumplen esa función con discreción y sentido. Reconocen trayectorias largas y apuestas recientes, oficios silenciosos y proyectos que han sabido crecer sin perder el norte. En todos los casos, el hilo conductor es el mismo: una forma de entender la gastronomía como cultura, como economía y como identidad.
La Academia Castellana y Leonesa de Gastronomía ha dado a conocer los nombres de los galardonados en una edición respaldada por Impulsa Castilla y León y la Diputación de Palencia, ciudad que acogerá el acto de entrega el próximo 16 de febrero. Será una jornada de encuentro entre cocineros, bodegueros, productores, comunicadores y representantes institucionales. Un retrato coral de una comunidad que sigue defendiendo su cocina desde el producto, el paisaje y la memoria.
El tiempo y la tradición: Gil Martínez y la liturgia de la matanza
La Mención Especial a la Trayectoria Profesional recae este año en Gil Martínez Soto, alma y motor de las Jornadas de la Matanza del Virrey Palafox, en El Burgo de Osma (Soria). Hablar de su figura es hablar de más de medio siglo de trabajo constante por dignificar un rito ancestral que es, al mismo tiempo, celebración popular y expresión gastronómica.
Las Jornadas nacieron en 1974, casi como una intuición. Un concurso de cocina tradicional sirvió a Martínez para detectar el papel central del cerdo en la despensa soriana. Un año después, con el apoyo del cronista Miguel Moreno, aquella observación se transformó en un acontecimiento que hoy forma parte del calendario gastronómico español. Por sus pregones han pasado figuras como Camilo José Cela, Juan Luis Arsuaga o Pepe Rodríguez, y en 1978 se creó la Cofradía de los Matanceros de Honor, uno de los símbolos de estas jornadas.
El reconocimiento llega tras una trayectoria avalada por distinciones como la Fiesta de Interés Turístico Regional o el Premio Alimentos de España. Pero, sobre todo, por haber sabido conservar el sentido original de la matanza como acto colectivo, cultural y gastronómico.

Emprender con raíces: Alma Carraovejas
El Premio Emprendimiento en Gastronomía, con el apoyo de Iberaval, distingue a Alma Carraovejas, un proyecto vitivinícola que ha crecido sin perder la referencia del origen. Todo comienza en 1987 con Pago de Carraovejas, en la Ribera del Duero, impulsado por José María Ruiz tras abrir su primer restaurante en Segovia a principios de los años ochenta. Nueve hectáreas de viñedo bastaron para sentar las bases de una forma de hacer basada en el territorio.
Con la incorporación de su hijo Pedro Ruiz en 2007, el proyecto amplía su mirada y su mapa. Llegan Ossian en Rueda, Milsetentayseis en Fuentenebro, Viña Meín y Emilio Rojo en Ribeiro, Aiurri en Rioja Alavesa y Marañones en la Sierra de Gredos. Un recorrido que atraviesa algunas de las zonas vitivinícolas más singulares del país.
La creación de Ambivium, restaurante con estrella Michelin y Sol Repsol, refuerza el diálogo entre vino y cocina. Y la reciente inauguración de la nueva bodega de Ossian en Nieva confirma una idea constante: crecer sí, pero siempre desde el respeto al paisaje y a la historia.
El fuego como lenguaje: Mesón Asador Carlos
Hablar de Mesón Asador Carlos, en Traspinedo (Valladolid), es hablar de lechazo, de sarmiento y de constancia. El premio al Mejor Restaurante Tradicional reconoce una casa que lleva más de cincuenta años defendiendo una especialidad que ha convertido al pueblo en lugar de peregrinación gastronómica.
Fundado por Carlos Puertas y hoy en manos de sus hijos María, Alberto y Eduardo, el asador ha sabido mantener intacta la esencia del pincho de lechazo a la brasa, incluso utilizando sarmientos procedentes de la cercana Vega Sicilia. Desde 2020, la incorporación del cocinero Chisco Martín Hinojal ha reforzado una propuesta que acompaña al asado con platos de temporada bien entendidos. En sala, la hospitalidad sigue siendo una seña de identidad.
Beber con criterio: Doctrinos Casa de Vinos
En el casco histórico de Salamanca, Doctrinos Casa de Vinos recibe el premio al Mejor Local de Vinos. Fundado hace casi cuarenta años por Miguel Elices y hoy dirigido por los hermanos Marco y María Manjón, Doctrinos mantiene un espíritu divulgador poco común.
Su bodega reúne cerca de 300 referencias, más de 100 por copas, y un recorrido que combina grandes denominaciones con pequeños productores y variedades menos transitadas. Champagne, Corpinnat o Crémant conviven con vinos locales y rarezas bien seleccionadas. Todo ello acompañado por una propuesta gastronómica breve, basada en ibéricos, quesos y conservas, que entiende el vino como relato y conversación.
Una llegada prometedora: Restaurante Diecinueve
El premio a la Revelación Gastronómica viaja a Palencia y se detiene en Restaurante Diecinueve, abierto en agosto de 2024. En pocos meses, el proyecto ha logrado consolidarse gracias a una cocina contemporánea que pone el foco en el producto y en el fuego.
El cocinero Iván Gil, de origen vasco, lidera una propuesta personal y reconocible. En sala, María Palmero Andrés aporta cercanía y coherencia. El resultado es una experiencia equilibrada que ha sabido conectar con la ciudad y reivindicar la restauración como motor urbano.
Industria, producto y territorio
El reconocimiento a la Mejor Industria Agroalimentaria es para El Pinar (Segovia), empresa hortofrutícola fundada en 1999 por Javier Esteban y hoy dirigida por su hijo Mario. Especializada en frutos rojos y plantones, la firma ha hecho de la innovación y la sostenibilidad sus pilares, con presencia en España y en varios países europeos.
El premio al Mejor Producto Agroalimentario recae en Miel Gran Dujo, proyecto apícola de José Miguel Ibáñez en la Montaña Palentina. Mieles de brezo, montaña y pradera, extracción en frío y una clara apuesta por la divulgación definen una empresa que ha sido reconocida internacionalmente.

Vino, sala y cocina: los nombres propios
La Mejor Bodega es Finca Torremilanos (Burgos), historia viva de la Ribera del Duero, pionera en viticultura ecológica y biodinámica. El premio a la Mejor Sala distingue a Diego Muñoz, sumiller de La Lobita (Soria), responsable de una de las bodegas más singulares del panorama nacional.
El galardón a Mejor Cocinero es para Adrián Asensio, al frente de Cuzeo (Zamora), un proyecto joven, reflexivo y profundamente ligado al territorio. Y el de Mejor Restaurante reconoce a Restaurante Pablo (León), donde Juanjo Losada y Yolanda Rojo han sabido actualizar la despensa leonesa sin perder su raíz.
En conjunto, los XI Premios Castilla y León de Gastronomía dibujan una fotografía precisa de un sector que avanza sin estridencias, apoyado en el conocimiento, el oficio y una idea clara: la gastronomía como una forma de cuidar lo que somos.






