LO QUE SE CUECE

Cuando dos caminos se encuentran. ConSentido e i+T frente a frente

Su ciclo Cruce de Caminos nació precisamente de esa voluntad: salir, aunque sea durante una noche, de los límites de una casa para encontrarse con otra.

ConSentido e i+T se sientan a cuatro manos para poner en diálogo dos formas de entender la cocina, el producto y la relación con un territorio que, cuando se abre a otras miradas, deja de ser frontera para convertirse en punto de partida.

El próximo 27 de agosto, la cocina de ConSentido abrirá sus puertas a i+T para una nueva edición de Cruce de Caminos. Carlos Hernández del Río y Taigoro Suzuki compartirán fogones durante una noche en la que dos proyectos nacidos de sensibilidades distintas se encontrarán alrededor de un mismo menú. La propuesta parte de una idea sencilla, aunque no tan fácil de llevar a la práctica: cuando dos cocinas comparten espacio, no basta con juntar sus platos. También entran en la mesa sus referencias, sus preguntas, la manera en que entienden el producto y la relación que cada una ha construido con el lugar desde el que cocina.

ConSentido ha hecho de Salamanca una parte esencial de su discurso. Carlos Hernández del Río trabaja con el territorio sin convertirlo en un catálogo de productos ni en una postal gastronómica. Su cocina se apoya en aquello que tiene cerca, pero entiende la tradición como una materia viva, susceptible de ser revisada, transformada y llevada hacia otros lugares. i+T parte de una inquietud parecida desde una perspectiva diferente. Irene y Taigoro Suzuki han construido una cocina en la que Salamanca convive con Japón, donde el producto cercano puede encontrarse con técnicas, sabores y referencias que llegan desde otra cultura. El resultado no consiste en elegir entre una identidad y otra, sino en dejar que ambas convivan y se modifiquen mutuamente.

Esa distancia entre los dos proyectos es precisamente lo que da sentido al encuentro. La gastronomía no se construye únicamente a partir de aquello que compartimos, sino también de aquello que nos obliga a mirar de nuevo. Un producto conocido puede adquirir otro significado cuando cambia la mano que lo trabaja; una técnica puede descubrir posibilidades que no estaban previstas en su lugar de origen; una receta puede conservar su memoria y, al mismo tiempo, incorporar una nueva. La cocina funciona entonces como un lenguaje capaz de poner en relación territorios diferentes sin necesidad de borrar las diferencias que existen entre ellos.

La palabra territorio aparece demasiado a menudo en el discurso gastronómico convertida en una especie de garantía de autenticidad. Se habla de producto local, de raíces y de identidad como si pertenecer a un lugar implicara permanecer dentro de sus límites. Pero los territorios también se construyen con aquello que llega de fuera, con las personas que los atraviesan, con las influencias que reciben y con la capacidad de incorporar nuevas formas de hacer. Salamanca no deja de ser Salamanca porque una mirada japonesa entre en su cocina. Del mismo modo, una cocina no pierde su identidad cuando se permite dialogar con otra. La identidad gastronómica no es una pieza cerrada: cambia cada vez que alguien decide volver a mirar lo conocido desde otro ángulo.

Cruce de Caminos propone precisamente ese ejercicio. ConSentido no invita a i+T para que ambos proyectos se parezcan durante una noche que ya se ha llenado al completo, sino para descubrir qué puede aparecer cuando dos maneras de cocinar ocupan el mismo espacio. Carlos Hernández del Río, Irene y Taigoro Suzuki trabajarán juntos en un menú de diez pases pensado para treinta comensales (120 euros IVA incluido), en una experiencia en la que cada propuesta conserva su personalidad mientras entra en conversación con la otra. El menú podrá acompañarse de diferentes opciones de maridaje y de la carta de vinos de ConSentido, completando una cena pensada tanto desde la cocina como desde aquello que sucede alrededor de ella.

El interés de una cena a cuatro manos está precisamente en esa posibilidad de salir, aunque sea durante unas horas, de los límites habituales. Un restaurante deja de trabajar únicamente con sus propios códigos y se enfrenta a otra manera de resolver los mismos problemas: qué hacer con un ingrediente, cómo construir un plato, cuánto intervenir sobre un producto, dónde termina la tradición y dónde empieza la interpretación. Son preguntas que rara vez tienen una única respuesta y que adquieren otra dimensión cuando se formulan junto a alguien que ha llegado a ellas por un camino diferente.

El 27 de agosto, esos dos caminos se cruzarán en Salamanca. No para encontrar una fórmula común ni para demostrar que dos cocinas pueden convertirse en una sola, sino para comprobar qué ocurre cuando cada una mantiene su voz y, aun así, decide escuchar la del otro. Porque una identidad gastronómica no se mide solo por aquello que es capaz de conservar, sino también por aquello que se atreve a incorporar sin dejar de reconocerse.

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