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El gusto es suyo con Álvaro Díaz y Diego Sancho de Aura Gastronómica (Burgos).

Un proyecto donde cocina y sala dialogan desde el respeto, el oficio y el detalle.

El dueto al frente de Aura nos marca una ruta cercana, entre Burgos, Arlanza y la Ribera, donde el vino, el café y los espacios con identidad trazan su manera de entender la gastronomía.

Álvaro Díaz y Diego Sancho se conocen desde hace más de una década. Coincidieron en el Hotel Ciudad de Burgos, donde empezaron a construir una manera compartida de entender el oficio. Sala y cocina, cada uno en su lugar, pero siempre en diálogo. Allí crecieron, asumieron responsabilidades y también se enfrentaron con la exigencia de quien quiere hacerlo mejor cada día.

Ese recorrido conjunto no fue lineal. Hubo una pausa, una distancia necesaria para seguir creciendo por separado. Pero algunas formas de trabajar, de mirar el producto o de entender al cliente, no desaparecen. Se quedan. Y acaban encontrando su sitio.

Aura Gastronómica nace precisamente de ese reencuentro. De la voluntad de levantar algo propio donde cada uno pueda desarrollar su lenguaje con libertad, pero desde una base común. Diego en cocina. Álvaro en sala. Dos territorios definidos que aquí funcionan como un único mecanismo.

El espacio, en el paseo Pintor Javier Cortés, acompaña esa idea. Tranquilo, casi al margen del ruido, permite que la experiencia se construya sin prisa. El nombre no es casual, pero tampoco pretende explicarse demasiado. El aura es un campo de energía inmaterial o halo luminoso que, según creencias espirituales y parapsicológicas, rodea a los seres vivos y objetos. Y esa es la intención: crear un ambiente de disfrute.

La cocina parte del producto y de una mirada abierta. Su menú es una celebración diaria de frescura y creatividad. A partir de ahí, recetas tradicionales, materia prima humilde, pero de calidad y esa “vueltecita” que convierte “una comida normal” en una “experiencia gastronómica auténtica y memorable”. La brasa aparece como uno de los ejes, aunque no limita el discurso.

También hay una idea clara de accesibilidad. Con un menú diario de 27 euros y un Paseo Gastronómico de fin de semana por 43, el proyecto insiste en algo esencial: ser un restaurante para todos. Sin renunciar a la técnica y sin perder identidad.

En sala, Álvaro reivindica el papel del servicio como parte fundamental de la experiencia. “Si además de comer bien tienes un servicio excepcional, te vas a ir muy satisfecho, con ganas de más”. Y matiza: “Yo recibo en mi casa y actúo como un buen anfitrión”.

Y así, entre vinos que nacen a mil metros de altitud, barras donde la tortilla sigue marcando el ritmo y espacios donde el café se sirve con pausa, se dibuja el mapa de Aura Gastronómica.

La brasa de carbón es uno de los pilares de su cocina I @venenopro

Sus puntos en el mapa

Boticario de Silos (Arlanza)

“Un proyecto con mucha identidad, muy ligado a la tierra, al viñedo y a una forma de entender el vino desde el origen”, nos relatan. Detrás está Andrés Septien, que decidió cambiar de rumbo para iniciar su propio proyecto en 2020. Un viñedo plantado hace más de un siglo, a 1.000 metros de altitud, donde conviven distintas variedades en un field blend que habla del lugar.

Cafetería Valkyria (Burgos)

Un espacio cotidiano que ha sabido hacerse un hueco en la ciudad a través de algo tan reconocible. “Una cafetería muy conocida por sus tortillas de patata, con distintas variedades y una propuesta muy apetecible para desayunar, almorzar o parar a cualquier hora”. Diferentes versiones, buen ritmo de barra y una propuesta que funciona casi 24/7.

Majuelo (Burgos)

“Un proyecto con identidad propia, donde la propuesta gira en torno a elaboraciones muy reconocibles, pero tratadas con intención. Por sus pizzas de pan torta y por unos menús muy elaborados, pensados con cariño y mucho detalle” un sitio sin artificio y con mucho oficio.

La Pícara (Aranda de Duero, Burgos)

Sandra Chicote impulsa desde 2015 un espacio que rompe con la inercia gastronómica de la zona. “Se trata de un proyecto con personalidad, buena selección de vinos y una propuesta pensada para disfrutar, compartir y pasar un buen rato”, nos cuentan. Tapas creativas, producto local y una cocina más abierta en una tierra dominada por el asador.

La Vache Folle (Burgos)

Un local amplio, con recorrido, donde la cerveza marca el ritmo pero no lo limita. “Una cervecería con carácter, ideal para quienes disfrutan de un ambiente desenfadado y de una propuesta muy centrada en la cerveza”.

Cinco grifos y varias cámaras dedicadas a referencias artesanas y de importación construyen una propuesta pensada para explorar sin prisa, con criterio y con cierta vocación de descubrimiento. El queso acompaña junto a una selección de pinsas que funcionan como soporte y excusa para alargar la estancia.

Tiempos Líquidos (Burgos)

El proyecto de Diego González y Laura Rodríguez se construye desde la cercanía. Más de 550 referencias en un espacio donde el vino se entiende como conversación. “Un sitio muy especial para quienes disfrutan del vino de verdad, con cariño por la botella, por la cata y por todo lo que hay detrás”, dicen. Un lugar para beber, pero también para aprender a mirar la botella.

Paradise Café (Burgos)

Un espacio que ha ayudado a consolidar la cultura cafetera de especialidad en la ciudad. “Una cafetería con estética cuidada y un ambiente muy agradable, perfecta para desayunos, cafés y pequeños momentos de pausa”. Grano de alta calidad acompañado de una cuidada selección de productos como pasteles y galletas artesanas.

Tazitas Té y Chocolate (Burgos)

Un pequeño refugio para quienes buscan llevar la experiencia a casa. “Una tienda con mucho encanto, especializada en té, chocolate y pequeños detalles para regalar o disfrutar en casa con calma”.

Escuela de Hostelería de Burgos

Un lugar esencial para entender el presente —y el futuro— del sector en la ciudad. “Un espacio clave para el futuro del sector, donde se forman quienes sostendrán la cocina y la sala en los próximos años”.

Más allá del aprendizaje técnico, funciona como punto de partida: un lugar donde se construye criterio, disciplina y respeto por una profesión que sigue necesitando tiempo y vocación.

Casa Carmelo (Saldaña)

“Una casa con esencia tradicional, muy ligada al producto, a la cocina de siempre y a esa autenticidad que nunca falla”. Al frente, Héctor Barcenilla, en un templo donde la cocina tradicional sigue teniendo sentido. Producto, sencillez y una forma de hacer que no necesita explicación.

Un mapa cercano, sin estridencias, hecho de lugares donde el oficio sigue importando.

Porque al final, más allá de técnicas o tendencias, todo vuelve a lo mismo: producto, tiempo y personas. Y en ese equilibrio —el que Álvaro y Diego han aprendido a sostener— es donde empieza todo lo demás.

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