LO QUE SE CUECE

Burgos vuelve a morder el invierno: San Lesmes en formato tapa.

Un territorio contado en pequeño formato.

Durante diez días, Burgos se transforma en un laboratorio culinario donde la tapa deja de ser un trámite para convertirse en relato, identidad y gesto cultural compartido.

En Burgos, enero no se atraviesa: se muerde. Se combate el frío con pan caliente, con humo, con guisos concentrados en dos bocados, con barras que funcionan como pequeñas plazas públicas. El Concurso de Tapas de San Lesmes —que este año celebra su decimonovena edición— vuelve a activar ese ritual colectivo que convierte a la ciudad en un mapa comestible.

Veinticuatro establecimientos, por primera vez llegados también desde distintos puntos de la provincia, se medirán el próximo 22 de enero en la Casa del Cordón, un escenario patrimonial que no es solo decorado sino declaración de intenciones: el lema de esta edición es “Vuelve el arte”, y aquí el arte se entiende como oficio, como pulso entre tradición y riesgo, como cocina pensada para ser compartida de pie, con abrigo puesto.

La gala —abierta al público— permitirá degustar cinco tapas acompañadas de vino, cerveza o refrescos. Más que un concurso, es una fotografía coral de la cocina burgalesa actual: desde un brioche de rabo trufado hasta un caramelo de morcilla, desde una falsa vieira vegetal sobre caldo de cocido hasta un ajo carretero reinterpretado, pasando por focaccias marinas, buñuelos, picadillos mar y tierra o guiños internacionales que dialogan con el producto local.

A partir del día siguiente, del 23 de enero al 1 de febrero, la ciudad se despliega en forma de ruta. Diez días para recorrer barras, repetir favoritos, descubrir cocinas que no siempre coinciden en el mismo itinerario urbano. La tapa, aquí, no es un aperitivo: es un lenguaje común, una forma de narrar el territorio en miniatura.

Los premios —económicos y de proyección nacional— funcionan como trampolín para los cocineros: acceso a Madrid Fusión, al certamen regional de HosturCyL o a los espacios gastronómicos de Fitur. Pero hay dos galardones que definen bien el espíritu del concurso: el de Tapa más innovadora y el de Mejor tradición IGP Morcilla de Burgos. Dos polos que conviven sin fricción: el impulso creativo y la raíz.

La morcilla, como no podía ser de otro modo, vuelve a ejercer de columna vertebral identitaria. No como fetiche inmóvil, sino como materia viva que admite relecturas, formatos dulces, crujientes, líquidos o inesperados. La cocina burgalesa lleva años entendiendo que preservar no es congelar, sino reinterpretar con respeto.

Esa misma idea viajará la próxima semana a Madrid. La Federación de Hostelería de Burgos estará presente en Fitur, donde el restaurante El Bosque Encantado representará a la ciudad en un showcooking. La chef Ángela Vázquez presentará el Bombón de Morcilla, tapa ganadora de la categoría IGP en la pasada edición: un bocado que combina morcilla de Burgos, pasas, polvo de kikos crujiente y una mermelada sedosa de piquillo. Un gesto pequeño, preciso, pensado para condensar identidad en un solo mordisco.

San Lesmes no es solo un concurso: es una coreografía urbana donde cocineros, barras y comensales se reconocen. Una manera de recordar que la gastronomía no vive únicamente en los grandes menús degustación, sino también en estos formatos breves, democráticos, intensos, donde una ciudad se cuenta a sí misma a través de lo que cocina y comparte.

Las entradas pueden retirarse en los establecimientos El Soportal, La Bóveda, La Bóveda To Go y Maricastaña.

Toda la información se puede consultar en la web www.feriasanlesmes.com

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