De la cuchara a las estrellas: así fue la semana gastronómica de Castilla y León en FITUR.
Showcookings, rutas del vino y astroturismo marcaron la presencia de Castilla y León en FITUR 2026, una semana donde cocina y territorio hablaron el mismo idioma.
La Feria Internacional de Turismo (FITUR), celebrada en Madrid del 21 al 25 de enero, ha servido como escaparate para la gastronomía de Castilla y León. Bajo el lema “El cielo nos ha elegido”, la comunidad ha unido su riqueza culinaria y vitivinícola.
La comunidad aterrizó en FITUR con una clara apuesta: posicionarse como destino turístico gastronómico y cultural con personalidad propia. El lema que presidió su stand, “El cielo nos ha elegido”, no solo hace referencia al espectacular eclipse solar que podrá verse desde la región el próximo 12 de agosto, sino que también sirve como metáfora de una tierra que quiere que el mundo alce la vista hacia ella para descubrir su excelente enoturismo, su patrimonio y su cocina.
El sabor de Castilla y León en directo
El Espacio Enogastronómico del stand de Castilla y León funcionó durante toda la semana como una cocina abierta. No hubo jornadas vacías ni relleno: cada día, a distintas horas, los fogones se encendieron para contar la comunidad plato a plato, provincia a provincia.
La programación arrancó el miércoles 21, con una jornada que funcionó casi como prólogo conceptual de toda la semana. Segovia fue la encargada de abrir los fogones con un showcooking titulado Eclipse Academy and Gastronomy, a cargo de Christian Martínez Pérez del restaurante La Pizarrera, de Madriguera (Segovia). La propuesta, alineada con el relato del eclipse solar que vertebra la presencia de Castilla y León en FITUR, combinó cocina de territorio y discurso experiencial, subrayando la relación entre paisaje, cielo y mesa.
Ese mismo día, el protagonismo pasó del plato a la copa con una sesión dedicada a Zamora Enogastronómica, en la que participaron las Rutas del Vino de Arribes, Toro y Zamora. La cata propuso un recorrido por tres territorios distintos unidos por el Duero y sus afluentes, mostrando contrastes de clima, suelo y carácter a través de vinos con identidades muy marcadas.
El jueves arrancó con Valladolid y Zamora. Jesús Alejos, del restaurante Ángela (Valladolid), abrió el programa con una propuesta titulada Entre fogones y viñedos, una elaboración que buscaba el diálogo directo entre cocina contemporánea y vino de cercanía, acompañada por un Lubiano con seis meses de crianza. A continuación, desde Zamora, Santiago Vicente, del Hotel Rey Don Sancho, presentó El jardín del Rey, un plato que miraba al recetario tradicional desde una lectura vegetal y que se sirvió junto a un vino de Bodegas Siesto, subrayando el vínculo entre paisaje y mesa.
El viernes 23, la cocina charra tuvo su momento con el salmantino Jorge Lozano, del restaurante Portal del Lino, llevó al escenario una ensaladilla de ibéricos Fisán, una receta reconocible elevada desde el producto y la técnica, maridada con un Hito Rosado que aportaba frescura y equilibrio. Poco después, el protagonismo pasó a León con el restaurante Cocinandos, que presentó una lenteja pardina con setas de Castilla y León y su humus, un plato que condensó la filosofía del espacio: cocina de origen, legumbre como eje y una ejecución precisa, acompañada por un Trasto Prieto Picudo que reforzaba el carácter del conjunto.
El sábado el foco se desplazó hacia Palencia . Ávila y Zamora. Alberto Beltrán cocinero palentino del Restaurante Maño, defendió una morcilla de la abuela con quesito de la tierra, un plato que conectaba directamente con la memoria doméstica y el producto local. Desde Ávila, Raúl Rodríguez, de Los Fogones de Raúl, presentó un canelón crujiente de carrillera de ternera avileña, donde la carne, protagonista absoluta, se trabajó con una técnica contemporánea que respetaba el sabor original, en diálogo con vinos de la provincia. Con la propuesta Quitando el frío con Trompetas, del cocinero Samuel Pedrosa, del Club de Jubilados de Villaralbo (Zamora).
Albóndigas de ternera, trompeta negra y trufa, maridadas con vino de Bodegas Siesto, conquistaron al público bajo la presentación de David Monaguillo.
El domingo cerró el programa Burgos y Soria, con dos propuestas muy distintas pero complementarias. Ángela Vázquez, del restaurante El Bosque Encantado, elaboró un bombón de morcilla, una interpretación compacta y precisa de uno de los productos más identitarios de la cocina burgalesa. El último showcooking corrió a cargo de Mario Sanz, de La Gastro Tasquita de Soria, que presentó una elaboración con boletus de Robellanos marinado con vino de Bodega De Postín, llevando al plato el bosque, la temporalidad y la cocina micológica que define buena parte de la gastronomía soriana.
Durante toda la semana, estos showcookings convivieron con un programa continuo de catas y presentaciones enogastronómicas en las que participaron las nueve Rutas del Vino de Castilla y León. Ribera del Duero, Rueda, Cigales, Toro, Arribes, Arlanza, Sierra de Francia, Bierzo y León se sucedieron en la agenda con relatos que iban más allá de la copa, incorporando patrimonio subterráneo, arqueología del vino, paisaje, cultura y propuestas de enoturismo integradas.
Lejos de ser una sucesión de actos aislados, el conjunto construyó un relato coherente: el de una comunidad que entiende la enogastronomía como una experiencia completa, donde el vino no acompaña al plato ni el plato al vino, sino que ambos cuentan el mismo territorio desde lenguajes distintos.

Una estrategia más allá del plato
El eje principal de la estrategia fue el astroturismo: la región quiere atraer a viajeros interesados en vivir el eclipse solar total de agosto en un entorno privilegiado, así como descubrir sus cielos y paisajes. Esta narrativa no está aislada, sino que se complementa con otras iniciativas culturales como la exposición EsperanZa de Las Edades del Hombre en Zamora, que también se promovió con un discurso que conecta arte, espiritualidad e identidad regional.
Además, la promoción de las nueve Rutas del Vino de Castilla y León estuvo muy presente, consolidando el mensaje de que el enoturismo es uno de los pilares del turismo gastronómico de la comunidad. Desde tintos con cuerpo hasta blancos aromáticos, las rutas ofrecen viajes sensoriales a través de viñedos, bodegas y paisajes únicos.
Lo que queda por delante
Precisamente, la combinación de eventos culturales, naturaleza y gastronomía hace que Castilla y León aspire a posicionarse entre los destinos más atractivos de España, no solo por sus monumentos o sus vinos, sino por la forma en que esos elementos se integran para ofrecer experiencias completas al visitante.
En definitiva, la semana pasada en IFEMA no solo se degustó la cocina de Castilla y León, sino que se dibujó un mapa de sensaciones donde el cielo, la tierra y la mesa se encuentran para contar una historia rica en sabor y posibilidades.






