Castilla y León arrasa en el speed dating del vino español.
Tres días, 260 citas y una región que no pasa desapercibida.
No parecen ser buenos tiempos para el compromiso. Ni para el amor ni para el vino. Ambos atraviesan una etapa de revisión incómoda, al menos de cómo lo hemos entendido durante años.
El mundo del vino lleva tiempo ajustándose a un escenario distinto, con consumidores más volátiles, generaciones menos fieles y una presencia cultural que ya no es tan indiscutible. Aun así, de vez en cuando surgen lugares que actúan como una terapia de parejas. La Barcelona Wine Week es uno de ellos. Porque más allá de ser la gran cita del vino español —cinco ediciones bastan para hablar de madurez—, es un espacio donde el vino vuelve a encontrarse consigo mismo. Durante tres días, bodegas y compradores se sientan frente a frente siguiendo una dinámica que recuerda bastante a una speed dating bien organizada: el tiempo justo, la atención absoluta, una copa en la mano y preguntas afinadas y una cuestión tácita: ¿hay match o no?
En ese escenario exigente, Castilla y León no ha venido a ver qué pasa. Ha llegado con 260 candidatos, casi uno de cada cinco de las 1.300 empresas expositoras, y con una ambición clara: configurar una participación histórica que no responde solo a músculo productivo de la región, sino a una forma muy consciente de ocupar el relato del vino español contemporáneo.

Saber presentarse sin sobreactuar
En una cita rápida, la primera impresión es decisiva. Castilla y León articula la suya con una estrategia que evita el exceso y apuesta por la claridad. La región no se presenta como un bloque homogéneo, sino como un conjunto de voces bien ordenadas.
77 bodegas bajo el sello Tierra de Sabor, que actúa como carta de presentación colectiva y aval institucional; 102 bodegas con expositor propio, defendiendo su identidad sin intermediarios; y 69 proyectos agrupados por las diputaciones de Burgos, Soria y Ávila, una fórmula que permite a territorios menos visibles entrar en la conversación sin perder acento ni procedencia.
El resultado es una presencia plural, pensada para un mercado que ya no responde a discursos únicos. Como en el amor, no todos buscan lo mismo, y Castilla y León parece haberlo entendido.
Afinidades consolidadas y nuevos diálogos
Hay nombres que llegan a la feria con una confianza establecida. Ribera del Duero se mueve con la naturalidad de quien no necesita justificar su prestigio. Su presencia es amplia, sólida, reconocible, y dialoga con compradores internacionales sin perder identidad. Rueda confirma su madurez como gran denominación de blancos españoles, con un discurso afinado que conjuga mercado y estilo propio. Toro, fiel a su carácter, mantiene una propuesta directa y coherente con su historia y su estructura.
Pero más allá de esas afinidades ya conocidas, la feria permite abrir nuevas conversaciones. Bierzo, Cigales, Arlanza, Arribes, León, Valles de Benavente —y sus Bodegas Otero— o Dehesa Peñalba aportan matices, acentos distintos y relatos que se despliegan despacio. No buscan gustar a todo el mundo, sino encontrar a esa pareja perfecta que entienda su lenguaje.

La química del amor: Arlanza, Arribes y Cigales
Más allá de las afinidades consolidadas, la feria permite detenerse en proyectos que funcionan a otro ritmo. La D.O. Arlanza reivindica el valor del tiempo con vinos concebidos para la guarda y la evolución lenta. En ese contexto se sitúan los vinos de Buezo o Palacio de Lerma, presentados durante la feria como una apuesta clara por la paciencia, la crianza y la botella como espacio de afinamiento.
Arribes avanza de forma paralela. Su creciente visibilidad no responde a un golpe de efecto, sino a un trabajo sostenido que empieza a encontrar reconocimiento. En el lenguaje de las citas rápidas, Arribes sería esa persona que no te deslumbra de inmediato, pero que deja poso.
En este mismo eje interior se sitúa Cigales, y desde ahí el proyecto de César Príncipe. Linda y Primorosa 2024, elaborado con garnacha gris y un toque de albillo de viñedos viejos, introduce una dimensión íntima en la feria. El nombre del vino nace de la memoria familiar: Linda y Primorosa era una canción que cantaba su abuela, y así llamaba a sus burras. Un vino que habla de afecto, raíz y libertad creativa. “Antes lo importante era que el vino estuviera bueno; ahora es que sea entretenido”, decía Juan Príncipe. Una frase que resume bien el cambio generacional que se percibe en muchas mesas de la feria. Aquí también respira El Hato y El Garabato (Formariz, Zamora) una bodega familiar, pequeña, artesana, que tiene el objetivo de hacer vinos honestos.

Cuando el vino también habla de respeto
La Barcelona Wine Week también es un espacio de legitimación interna. En este marco se dieron a conocer las once ganadoras que contribuyen al desarrollo del sector vitivinícola, entre ellas María del Yerro, distinguida con el Premio Mujer Directora de Bodega por su labor al frente de Bodega Alonso del Yerro (Ribera del Duero). Un reconocimiento que habla de liderazgo sereno y proyectos pensados a largo plazo.
Especial relevancia tuvo el Sommeliers’ Sommelier Spain 2026, celebrado por primera vez durante la feria. A diferencia de otros premios, este tiene un valor singular: son los propios profesionales quienes nominan y votan. Solo sumilleres que han formado parte del Top 100 desde 2024 podían participar.
El primer ganador fue Dani Giganto, head sommelier de MU-NA (Ponferrada), en una votación tan honesta como exigente. Junto a él, finalistas como Diego González Barbolla, wine director de Tiempos Líquidos Wine Room (Burgos), reflejan la diversidad y el nivel de la sumillería española actual.

Rueda, una historia de amor a largo plazo
El prestigio de Rueda no es reciente. Mucho antes de convertirse en una denominación moderna, los vinos de la Tierra de Medina ya gozaban de reconocimiento. En los siglos XV y XVI, los llamados vinos dorados, elaborados con uvas autóctonas como la verdejo y crianzas oxidativas, eran muy apreciados en la corte castellana.
Existen referencias documentales que sitúan estos vinos en momentos clave de la historia política, como el brindis posterior a la firma del Tratado de Tordesillas en 1494. Con Carlos I, esa reputación se consolidó y se protegió mediante normas de calidad. Hoy, esa continuidad histórica encuentra eco cuando El Dorado de Alberto es reconocido como mejor vino en los Premios Alimentos de España.
Cuando la cita funciona
Más allá del relato, la Barcelona Wine Week es un espacio de decisiones reales. Más de 25.000 profesionales, cerca de 1.900 compradores con capacidad de compra y miles de reuniones convierten cada conversación en una posibilidad concreta.
Castilla y León entiende ese contexto y se mueve con soltura. No necesita forzar su discurso ni acelerar su relato. Su fuerza está en la diversidad bien entendida, en una historia bien asumida y en una contemporaneidad que no reniega del pasado.
Al final, como en cualquier cita que merece la pena, no todo termina en compromiso inmediato. También son importantes las mariposas en el estómago y las ganas de volver a verse. Y en el vino, como en el amor, eso ya es una señal inequívoca de afinidad, conexión e interés mutuo.





